Anemia: causas y tratamiento

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La anemia es una afección que se manifiesta cuando el organismo produce una cantidad inferior a la normal de glóbulos rojos sanos, lo que conlleva a una deficiencia en la cantidad de sangre rica en oxígeno. Esta condición puede generar síntomas como fatiga, debilidad, dificultad para respirar, mareos, dolores de cabeza y latidos cardíacos irregulares.

Tipos de Anemia

 

 

Existen varios tipos de anemia, entre los que se destacan:

 

Anemia por deficiencia de hierro

La anemia por deficiencia de hierro es la más común y ocurre cuando hay una escasez de este mineral esencial para la producción de hemoglobina en la médula ósea.

La hemoglobina, necesaria para los glóbulos rojos, permite el transporte eficiente de oxígeno.

Las mujeres embarazadas son especialmente propensas a esta forma de anemia, ya que el embarazo aumenta la demanda de hierro. Además, la pérdida de sangre debido a menstruaciones abundantes, úlceras, cáncer o el uso regular de ciertos analgésicos, como la aspirina, también puede desencadenar esta condición.

 

Anemia por deficiencia de vitaminas

Además del hierro, el cuerpo requiere folato y vitamina B12 para la producción de glóbulos rojos saludables. Una alimentación deficiente en estos nutrientes esenciales puede resultar en anemia por deficiencia de vitaminas.

Es importante destacar que algunas personas tienen dificultades para absorber la vitamina B12, lo que puede conducir a una forma específica de anemia conocida como anemia perniciosa.

 

Anemia perniciosa

La anemia perniciosa es un tipo específico de anemia que se caracteriza por una deficiencia de vitamina B12 en el organismo. Este trastorno es causado por la incapacidad del cuerpo para absorber adecuadamente esta vitamina esencial a través del sistema digestivo. La vitamina B12 es crucial para la formación normal de glóbulos rojos, la función cerebral y la salud del sistema nervioso.

La principal causa de este tipo de anemia, es la falta de una sustancia llamada factor intrínseco, una proteína producida en el estómago. El factor intrínseco es esencial para la absorción de la vitamina B12 en el intestino delgado. Cuando el organismo no produce suficiente factor intrínseco o este no funciona correctamente, la absorción de vitamina B12 se ve comprometida, llevando a una deficiencia de esta vitamina en el cuerpo.

 

Anemia por inflamación

Enfermedades que causan inflamación crónica, como el cáncer, el VIH/SIDA, la artritis reumatoide, enfermedades renales y la enfermedad de Crohn, pueden interferir con la producción normal de glóbulos rojos.

La inflamación continua afecta la médula ósea, limitando su capacidad para generar una cantidad adecuada de glóbulos rojos, lo que puede derivar en anemia.

 

Anemia aplásica

Esta forma de anemia, aunque poco frecuente, es potencialmente mortal. Se caracteriza por la insuficiente producción de nuevas células sanguíneas.

Infecciones, ciertos medicamentos, enfermedades autoinmunes y exposición a sustancias químicas tóxicas son algunas de las causas subyacentes de la anemia aplásica.

 

Anemias relacionadas con la enfermedad de la médula ósea

Enfermedades como la leucemia y la mielofibrosis afectan el proceso de producción de sangre en la médula ósea.

Los efectos de estas afecciones varían desde formas leves hasta potencialmente mortales, comprometiendo la producción normal de glóbulos rojos.

 

Anemias hemolíticas

En este grupo de anemias, los glóbulos rojos se destruyen más rápidamente de lo que la médula ósea puede reemplazarlos.

Ciertas enfermedades de la sangre aceleran la destrucción de los glóbulos rojos, y algunos casos son de origen hereditario, transmitiéndose de padres a hijos.

 

Anemia de células falciformes

Esta afección hereditaria y en ocasiones grave provoca una forma peculiar de anemia hemolítica.

La hemoglobina anormal fuerza a los glóbulos rojos a adoptar una forma de media luna conocida como falciforme, causando su rápida destrucción y resultando en una continua escasez de glóbulos rojos.

 

Diagnóstico de la anemia

 

El diagnóstico de la anemia implica un proceso exhaustivo por parte del proveedor de atención médica, que puede incluir una evaluación detallada de tus antecedentes médicos y familiares, un examen físico completo y la realización de análisis de sangre específicos.

Entre las pruebas comúnmente utilizadas se encuentran:

  • Hemograma completo: Esta prueba es fundamental para evaluar la cantidad de células sanguíneas presentes en una muestra de sangre. En el contexto de la anemia, el hemograma completo se centra en medir el número de glóbulos rojos en la sangre, conocido como hematocrito, así como el nivel de hemoglobina. Los valores normales de hemoglobina en adultos suelen oscilar entre 14 y 18 gramos por decilitro en hombres y entre 12 y 16 gramos por decilitro en mujeres. Respecto al hematocrito, las cifras típicas varían, generalmente entre el 40 % y el 52 % en hombres, y entre el 35 % y el 47 % en mujeres, aunque estos valores pueden tener algunas variaciones dependiendo de las prácticas médicas específicas.

 

  • Prueba morfológica de glóbulos rojos: Esta prueba detallada permite examinar el tamaño, la forma y el color de los glóbulos rojos. La información obtenida es crucial para identificar posibles anomalías en la morfología de estas células sanguíneas. El análisis minucioso de estos parámetros ayuda a discernir entre diferentes tipos de anemia y proporciona pistas valiosas sobre la causa subyacente.

 

Factores de riesgo

 

  • Ingesta deficiente de vitaminas y minerales, que resulta en la falta de hierro, vitamina B12 y folato, contribuye al aumento del riesgo de padecer anemia. La carencia de estos nutrientes esenciales afecta negativamente la producción de glóbulos rojos y, por ende, la capacidad del organismo para transportar oxígeno de manera eficiente.
  • Problemas en el intestino delgado también representan un factor de riesgo para la anemia. Enfermedades que afectan la absorción de nutrientes en esta parte del sistema digestivo, como la enfermedad de Crohn y la enfermedad celíaca, pueden interferir con la disponibilidad de hierro, vitamina B12 y folato, exacerbando la predisposición a la anemia.
  • La presencia de menstruaciones abundantes constituye otro elemento de riesgo. La pérdida excesiva de glóbulos rojos durante el ciclo menstrual aumenta la probabilidad de desarrollar anemia, ya que se produce una disminución significativa en los niveles de hemoglobina.
  • Durante el embarazo, la falta de un suplemento multivitamínico que contenga ácido fólico y hierro aumenta el riesgo de anemia en las mujeres embarazadas. Dada la demanda adicional de estos nutrientes durante la gestación, la omisión de su ingesta adecuada puede comprometer la salud sanguínea tanto de la madre como del feto.
  • La presencia de enfermedades crónicas, como cáncer, insuficiencia renal o diabetes, también contribuye al riesgo de anemia crónica. Estas condiciones prolongadas pueden desencadenar una escasez persistente de glóbulos rojos, comprometiendo la capacidad del organismo para mantener niveles sanguíneos saludables y funcionales. En consecuencia, es crucial abordar y gestionar adecuadamente estas enfermedades crónicas para reducir el riesgo de desarrollar anemia asociada a ellas.
  • Antecedentes familiares, especialmente la presencia de un familiar con anemia hereditaria, una condición transmitida de padres a hijos, como la anemia de células falciformes, puede incrementar el riesgo de desarrollar anemias de origen genético.
  • Antecedentes de ciertas infecciones, enfermedades sanguíneas y trastornos autoinmunes se asocian con un mayor riesgo de desarrollar esta condición.
  • El consumo excesivo de alcohol, la exposición a sustancias químicas tóxicas y la toma de ciertos medicamentos pueden influir negativamente en la producción de glóbulos rojos, llevando a la aparición de la anemia.

 

Síntomas y diagnóstico

 

Los síntomas asociados a la anemia varían según su causa y gravedad.

Inicialmente, la anemia puede ser tan leve que no manifieste síntomas de manera evidente. Sin embargo, con el tiempo, los síntomas tienden a manifestarse y a intensificarse a medida que la anemia se desarrolla.

Cuando la anemia es consecuencia de otra enfermedad, esta puede camuflar los síntomas anémicos, y su detección puede requerir un examen dirigido a la afección subyacente. Es importante destacar que ciertos tipos de anemia presentan síntomas específicos que indican la causa subyacente.

Los posibles síntomas de la anemia abarcan:

  • Cansancio
  • Debilidad
  • Falta de aire
  • Piel pálida o amarillenta, siendo más evidente en personas de tez blanca que en aquellas de tez negra u oscura
  • Latidos cardíacos irregulares
  • Mareos o aturdimiento
  • Dolor en el pecho
  • Sensación de manos y pies fríos
  • Dolores de cabeza

Un indicador principal de la anemia es un bajo nivel de hemoglobina, la proteína presente en los glóbulos rojos encargada de transportar el oxígeno.

 

 

 

Tratamientos

 

El objetivo principal del tratamiento de la anemia es incrementar la cantidad de oxígeno que la sangre puede transportar al cuerpo, lo cual se logra mediante el aumento de la cantidad de glóbulos rojos o hemoglobina en la sangre.

Suplementos y medicamentos: En el caso de anemias causadas por deficiencias de hierro, vitamina B12 o ácido fólico, el tratamiento típicamente implica el uso de suplementos para restablecer los niveles deficientes de estos nutrientes. Los suplementos de hierro desempeñan un papel esencial en la producción de hemoglobina. Para las anemias por deficiencia de vitamina B12 o ácido fólico, se pueden prescribir suplementos orales o inyecciones. Además, existen medicamentos que estimulan la médula ósea para aumentar la producción de glóbulos rojos, siendo la eritropoyetina un ejemplo útil, especialmente en casos de anemia relacionada con la insuficiencia renal crónica.

Transfusiones de sangre: En situaciones de anemia grave, las transfusiones de sangre pueden ser una opción de tratamiento. Estas transfusiones implican recibir glóbulos rojos de un donante a través de una vena. Aunque las transfusiones pueden aliviar los síntomas de la anemia a corto plazo, por lo general no abordan la causa subyacente de la condición.

Terapias específicas: Para anemias vinculadas a enfermedades crónicas o condiciones genéticas, el tratamiento se enfoca en la enfermedad subyacente. Esto puede incluir terapias farmacológicas especializadas, procedimientos quirúrgicos o, en casos extremos, trasplantes de médula ósea.

 

Complicaciones y prevención

 

En ausencia de tratamiento, la anemia puede generar diversos problemas de salud, entre los cuales se incluyen:

  • Fatiga extrema: La anemia severa puede resultar en una fatiga intensa que dificulta la realización de las actividades diarias, afectando la calidad de vida y el bienestar general.
  • Complicaciones durante el embarazo: Las mujeres embarazadas con anemia por deficiencia de folato enfrentan un mayor riesgo de complicaciones, como partos prematuros, lo que puede tener consecuencias negativas tanto para la madre como para el recién nacido.
  • Problemas cardíacos: La anemia puede dar lugar a latidos cardíacos irregulares o acelerados, conocidos como arritmias. La necesidad de que el corazón trabaje más para compensar la falta de oxígeno en la sangre puede desencadenar condiciones como la dilatación cardíaca o la insuficiencia cardíaca.
  • Mortalidad: En casos de anemias hereditarias, como la anemia de células falciformes, pueden surgir complicaciones que ponen en riesgo la vida. La pérdida rápida de una gran cantidad de sangre puede resultar en una anemia grave y potencialmente mortal.

Es fundamental abordar la anemia de manera oportuna y adecuada para prevenir estas complicaciones y garantizar un estado de salud óptimo. El tratamiento y la gestión de la anemia deben basarse en la identificación de la causa subyacente y en la aplicación de medidas específicas para corregir las deficiencias nutricionales o tratar las enfermedades asociadas.

Mi experiencia personal…

Quienes me siguen por Instagram, sabrán que en junio del 2022, casi cruzo al más allá por una angina de pecho. Todo, a consecuencia de una anemia ferropénica que sufro desde hace más de 25 años a consecuencia de menstruaciones excesivamente abundantes.

Llegué a un estado de deficiencia tan crítico, que mi corazón bombeaba de forma irregular por la falta de oxígeno y tras 24 horas de sobre esfuerzos, el corazón dijo: no puedo más.

No es una broma.

Por experiencia propia os puedo decir que aunque es un problema que arrastro de toda la vida, hay que cuidarse, sobre todo si eres asintomático como yo. En mi caso, al haber cronificado la deficiencia de hierro durante esos 25 años, mi cuerpo no presenta síntomas como cansancio, fatiga, etc…me doy cuenta cuando estoy a punto de morir jajaja (me río, pero gracia no tiene).

Así que cuídate, si es tu caso. Espero que te sirva.

 

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