La atrofia muscular es una condición que se caracteriza por la pérdida de masa y fuerza en los músculos. Puede afectar a cualquier persona y tener distintas causas, desde el sedentarismo hasta enfermedades neurológicas más complejas.

En general, se distinguen dos grandes tipos de atrofia muscular:
Tipos de atrofia muscular
🔹 Atrofia por desuso
Es la más frecuente y aparece cuando los músculos no se utilizan lo suficiente. Puede darse en personas con trabajos muy sedentarios, en quienes han estado largos periodos postrados en cama o en pacientes que, debido a un accidente cerebrovascular u otra enfermedad, no pueden mover alguna extremidad.
La buena noticia es que este tipo de atrofia suele ser reversible con ejercicio físico adaptado y una adecuada nutrición.
🔹 Atrofia neurogénica
Es más grave y se debe a una lesión o enfermedad en los nervios que conectan con los músculos. En este caso, la pérdida de masa muscular aparece de manera más rápida y brusca.
Algunas enfermedades asociadas son:
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Esclerosis lateral amiotrófica (ELA)
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Síndrome de Guillain-Barré
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Poliomielitis
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Lesiones de médula espinal
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Daño nervioso por diabetes, alcohol o traumatismos
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Síndrome del túnel carpiano
Otras causas de atrofia muscular
Además de los dos tipos principales, la atrofia también puede estar relacionada con:
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Quemaduras graves
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Desnutrición
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Terapia prolongada con corticosteroides
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Distrofias musculares
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Artritis reumatoide u osteoartritis
Síntomas y cuándo acudir al médico
Incluso una atrofia leve puede provocar pérdida de fuerza y movimiento. Un signo común es notar que una extremidad se ve más delgada que la otra o que cuesta realizar actividades cotidianas.
Es recomendable acudir al médico si:
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Existe pérdida muscular progresiva y sin causa aparente.
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Aparecen debilidad, calambres o dolor inusual.
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Hay antecedentes familiares de enfermedades neuromusculares.
En consulta, el médico realizará un examen físico y podrá solicitar pruebas como análisis de sangre, resonancia magnética, electromiografía (EMG), estudios de conducción nerviosa o incluso biopsias musculares.
Tratamiento de la atrofia muscular
El tratamiento depende del origen, pero en la mayoría de los casos incluye:
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Ejercicio físico progresivo: es la única manera real de revertir o frenar la atrofia. Debe iniciarse con actividades suaves y aumentar la intensidad bajo supervisión.
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Fisioterapia y rehabilitación: ejercicios personalizados, terapia acuática y técnicas para mantener la movilidad.
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Terapia con ultrasonido o dispositivos ortopédicos: para estimular el músculo o ayudar a mover las articulaciones en pacientes con movilidad reducida.
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Cirugía: solo en casos muy concretos, como contracturas graves.
Recomendaciones para prevenir la atrofia muscular
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Evitar el sedentarismo y mantener una rutina activa.
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Trabajar la musculatura de forma equilibrada (no basta con solo caminar si la debilidad está en la parte superior del cuerpo).
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Seguir una dieta rica en proteínas y nutrientes esenciales.
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Hacer ejercicios de mantenimiento de manera regular, incluso tras recuperarse de un episodio de atrofia.
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